PAZ Y BIEN
Esta semana me he enterado que ha fallecido uno de los hombres más importantes de mi vida de poeta: el dominico Emilio Rodríguez. Quien me acogió en mi época de Salamanca, donde me forjé como poeta. Lo siento como mi mentor, amigo y ser excepcional. Cientos de poetas jóvenes de Salamanca le debemos mucho. (sobre todo sus irreductibles amigos de la Tertulia de Papeles del martes desde los 80).
Si quieres conocer un poco más tengo dos artículos con antología del Grupo Literario "Papeles del Martes": http://www.edicionesencuentro.com/.../papeles-del-martes/ y http://www.edicionesencuentro.com/.../papeles-del-martes.../
Es, ha sido y será una voz poética y una energía indescifrable, inspirador y artista por los cuatro costados.
He decidido hacerle un homenaje con este artículo, compartiendo algunos de sus poemas, compilados en sus más de 20 libros publicados y celebrados. Uno de sus últimos escritos, que nos viene muy bien a muchos escritores y poetas
El jueves pasado en el taller de DESARROLLO PERSONAL A TRAVÉS DE LA ESCRITURA, trabajamos el "para qué" escribo. Pues en este poema *PRETENSIÓN* queda claro:
Escribo para ver.
para que alzado
sobre la ruina
de mí mismo,
consiga levantar
el horizonte
y ver el otro lado
de la tarde.
Escribo para estar
presente y sustantivo
allí donde las dudas
fructifican.
Escribo para el aire
de otros día.
Sigo con mi homenaje a este gran maestro, amigo, escritor y artista que es Emilio Rodríguez. En su poemario EL CANTO FUNERAL DE LA DISTANCIA, con el que ganó el X Premio Nacional de poesía <Botón Charro>, te comparto en la imagen ese poema que habla de los *Residuos de un viaje*, que podría anticipar este último viaje como humano en tiempos de pandemia que ha hecho.
Este poema que te comparto es para los escritores y poetas. A mí me marcó y lo tuve muy en cuenta cuando escribí mi libro de <Camino de perdición en el silencio>👉 https://amzn.to/3kBKsQb
Para ti que eres escritor, poeta o ser que en este momento va a parar, conectar y sentir que está en un PUNTO DE PARTIDA, este poema:
Recorta este silencio que nutre el alocado
galope de los verbos a orillas de la nada.
Los ecos de los ecos devuelven impoluta
la lúcida silueta, proyecto de vocablo.
Construye los silencios para que el verso muera.
Este tercer espacio de homenaje a mi hermano del alma fallecido hace unos días, me parece importante que se enfoque en la invitación a la lectura.
¿Qué me mantiene unido al ser que ya no está en esta tierra en cuerpo presente? La lectura de sus escritos, por ejemplo, donde están las claves para mantener ese círculo de presencia e inspiración.
De su gran libro CANTATA DE GALMAZ rescato este texto que habla de otoño y las palabras:
Otoño y las palabras. Maíz y castañales resbalando hacia el sonido de aquel río que rozaba los umbrales de lo incierto. Otoño y un tesoro de frutos para el tacto. Para el placer inmenso de los ojos.
En el río se va todo lo que nos queda. Los cuerpos batallados. El acero tiernísimo de madres que apenas si una voz pero tan piel como las venas de castaño en nuestras puertas.
Como el reptar de nervios por la pared sonora de los hórreos. Dormir aquella música de viento retozando en tantas grietas. Con todas las praderas recostadas debajo de las mantas.
Sembrar las almohadas. Quitar diafanidad a nuestros corredores. Las riestras de maíz que condecoran de sol el pecho del invierno.
Las puertas ya no ocultan, articulan otro modo de irse haciendo los perfiles de los rostros.
El río, como la vida, se lleva lo que siempre permanece. Y su tambor cambiante nos advierte de avatares y peligros inconcretos.
En el Pozo de Chano también se asoma el mar. También se nos acerca su sonido. Por eso su fondo no se alcanza. No lo tocan los varales amestados.
Lugar referencial de los suicidas por una maldición de la encantada que lo habita. Solamente lo deja para robar la leche con que cría a su hijo. La noche brota con ella en remolinos.
De la Casa de Cueiras trajeron el conjuro. Unos bueyes gemelos con su yugo y aperos. La madera del arado quedó flotando unos instantes. Después también se hundía.
Así acabó la historia de la siniestra dama. Pero siguió su voz llamando a los suicidas. Desde el abismo suenan sus ecos de sirena. Su grito, cada año, renueva los lamentos.
Otoño y las palabras. Aquí se cría el silencio. Los árboles añosos se asoman a este llanto.
He querido recuperar en mi homenaje al poeta de los martes en Salamanca, mi hermano del alma, Emilio Rodríguez, su Ars Poética. La comparto porque considero que la vida, la escritura, la poesía fluye a la hora conectar previamente con el amor.
Hoy tendremos presente el espíritu más que poético de Emilio. Si eres una persona que quiere escribir, permite que el amor sostenga las palabras.
Con este poema celebro su FUNERAL:
Murió de haber mirado
tantas nubes
perderse hacia la lluvia
o los ocasos.
Murió porque había visto
muchos años de tristeza,
y tenía los ojos secos.
Había seguido la muerte
tan de cerca
que llegó a considerarse
abandonado.
Murió con la soledad encanecida
de entrar en otro túnel,
en otra mina abierta
para el miedo.
Murió de haber cuidado
tantas noches.
"Fue quizás en ese intervalo, en que fui obligado a readaptarme al interior de la casa, que la poesía apareció dentro de mi espíritu: algo que se pareció, en todo caso, tuve que ocupar estos instantes de vacuidad, y me empujó, un día, bien más allá de mi adolescencia, a escribir versos en un movimiento que me fue de algún modo difícil comprender".
GRACIAS. R.I.P
Este acróstico es un regalo que le hice en su día







No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por participar =)