Reúno 6 poemas que nos cantan este agosto veraniego:
Mary Oliver, María Luisa Heras Vázquez, J.M. Caballero Bonald, María Mercedes Carranza, Federico Gallego Ripoll y Günter Grass.
Cuando las moras cuelgan
rebosantes en el bosque, en la maleza
de nadie, paso
todo el día entre las ramas
altas, extendiendo
los brazos arañados, pensando
en nada, embutiéndome
la miel negra del verano
en la boca; todo el día mi cuerpo
acepta lo que es. En los ríos
oscuros que por aquí corren está
esta zarpa ancha de mi vida que sale disparada entre
las campanillas negras, las hojas; está
esta lengua feliz.
Mary Oliver

CALOR DE AGOSTO
En las orillas de agosto
el calor lo abraza todo.
Cantan las torcaces
y chirrian las cigarras.
Al atardecer,vuelan
los gorriones alocados
buscando cobijo nocturno.
En las orillas de agosto
las suaves olas del mar,
cantan la canción plácida
de un verano tranquilo
que en agosto lo es más.
Tranquilizando a todo áquel
que lo contempla extasiado
día tras día...
Y vamos dejando atrás,
las orillas de este agosto
que a mediados de mes
ya se perciben lejanas,
pese al calor que persiste
con aroma a jazmines
en las orillas ya lejanas
de este agosto...
que va avanzando.
----------------------------(2 agosto 2016)
María Luisa Heras Vázquez
ARGÓNIDA, 13 DE AGOSTO
Luciente espejismo que vi
en los idus de agosto por la linde
crepuscular de la marisma, cerca
del arenal de Argónida,
mientras las monocordes
dependencias del sueño disputaban
su parte de ficción al predominio
de la brumosa realidad,
¿cómo podría yo olvidarme
no de lo incierto de esa historia
por nadie atestiguada,
sino de la razón que me ha asistido
desde entonces, habitante
de otro espejismo donde sólo
sigue siendo verdad lo que aún no conozco?
J.M. Caballero Bonald
18 DE AGOSTO DE 1989
“El tiempo ha sido bosque
de Dunsiname”
E. M. Cioran
Este hombre va a morir
hoy es el último día de sus años.
Amanece tras los cerros un sol frío:
el amanecer nunca más alumbrará su carne.
Como siempre, entre sus cuatro paredes
desayuna, conversa, viste su traje;
no piensa en el pasado, aún liviano y todo víspera,
en los gestos, hechos y palabras de su vida
que mañana serán distintos en el bronce y en los himnos,
porque este hombre no sabe que hoy va a morir.
En su corazón de piedra
el asesino afila los cuchillos.
Este hombre va a morir,
hoy es la última mañana de sus horas.
Por sus ojos de fría carne azul
sólo pasan idiomas y horizontes
para ciertas cosas que los otros sueñan:
la urgencia del pan y de la sal,
la flor abierta del brazo, la sangre
invisible y contenida en su caracol de venas.
Ahora conversa por teléfono, escribe un discurso.
en el libro de apuntes lo atropellan
con letra afanada y resbalosa
los nombres y las citas de ese día,
porque este hombre no sabe que hoy va a morir.
El asesino esconde la cara siempre
para que el sol no le escupa sus gargajos de fuego.
Este hombre va a morir,
hoy es el último mediodía de sus años.
Con la frente en el abismo sin saberlo
estrecha manos, almuerza, pregunta la hora.
Sus pasos que ha dirigido otras veces al amor
y a asuntos más rutinarios como el olvido
o la toalla azul después del baño,
que lo han llevado a conocer la gloria
en la algarabía elemental de las multitudes,
sus pasos pueden ser contados ya
porque este hombre camina hacia la muerte.
El asesino:humores de momia, hiel de alacrán,
heces de ahorcado, sangre de Satán
Este hombre va a morir,
hoy es la última tarde de sus días.
Se prepara sin saberlo para el ritual:
con la voz fingida en la memoria,
que casi oye ya entre las caras como olas,
repasa las palabras de la arenga:
pan y verde, lagos de luz, verde y labios.
Frente al espejo rehace el nudo de la corbata,
cepilla otra vez sus dientes
y con los dedos recorre las alas amarillas del bigote.
Entonces las banderas y las manos y las voces,
la lluvia roja de papel picado,
la hora y el minuto y el segundo.
El asesino danza la Danza de la Muerte:
un paso adelante, una bala al corazón,
un paso atrás, una bala en el estómago
Cae el cuerpo, cae la sangre, caen los sueños.
Acaso este hombre entrevé como en duermevela
que se ha desviado el curso de sus días,
los azares, las batallas, las páginas que no fueron,
acaso en un horizonte imposible recuerda
una cara o voz o música
Todas las lenguas de la tierra maldicen al asesino
María Mercedes Carranza
AGOSTO
El sol de fuera a dentro,
Y dentro
del sol, la sed de fuera a dentro.
Y dentro
de la sed, un temblor
de fuera a dentro.
(En la taberna del ruedo
el picador se emborracha
de toro negro.)
Federico Gallego Ripoll
PAYASO DE AGOSTO
Como durante la infancia el payaso
del Circo Sarrasani
el nombre del mes es parecido.
Hacer payasadas,
gesticular
como antes a los catorce.
Enseguida me encuentro cómico,
sometido al juicio sumario
de los justos.
E incluso el gorro puntiagudo, hecho
con el periódico de ayer,
queda bien, porque vale siempre.
Günter Grass
Espero que disfrutes con tan buena poesía que está inspirada en un agosto como este en el que nos encontramos. GRACIAS.


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